Escritor Fantasma

España, 6 de febrero de 2026.

Querido anónimo:

¿Sabes por qué la historia recuerda a unos y borra a otros?

Dos tipos me dieron la respuesta.

Lucharon durante 10 años con un mismo objetivo: alcanzar la gloria olímpica. Ambos lo lograron, pero solo uno recibió el premio.

Es real como la vida. Y es exactamente lo que te está pasando a ti hoy.

Una historia de medallas

Te presento a los protagonistas:

  1. Un piragüista anónimo.
  2. Un piragüista famoso.
  3. Mí tío.

Empiezo por el último.

Fue el primer canoísta español en ir a unos Juegos Olímpicos. Casi vuelve de Moscú (JJ. OO. de 1980) con una medalla.

He añadido a mi familiar, que aún vive, porque su historia solo la recordamos sus sobrinos. Solo nosotros.

Los otros dos besaron el oro a la vez. Remaron en la misma piragua.

Mismo palmarés. Mismo mérito. Mismas medallas.

¿Entonces?

Uno trabaja como policía en un pueblo de Galicia.

El otro participa en concursos de televisión, se lo rifan en las entrevistas, colabora con varias marcas de lujo y dicen que sigue trabajando de policía.

Vive en España. Si no lo conoces tú, alguna mujer de tu entorno lo conocerá seguro. Haz la prueba. Pregunta.

El superhombre de la piragua

El mundo se divide en tres categorías:

  • El 99% hace cosas.
  • El 0,9% hace cosas interesantes.
  • El 0,1% hace cosas interesantes y las cuenta.

Mi tío y el piragüista anónimo están en ese 0,9%. Gente de élite con historias que nadie escucha.

El otro, el mediático, hizo lo mismo que ellos. Pero dio el salto al 0,1%.

Porque la clave no es lo que haces. Es el relato de lo que haces.

Tiene plaza de Policía Nacional. Debería estar patrullando. Pero su foco no está ahí, sino en su relato.

Admirable. Lo digo en serio.

Movió toneladas de agua con una pala de carbono. Llegó a la cima con el sudor de su frente. Podía haberse quedado ahí, en el anonimato del podio.

¿Y qué hizo?

Capitalizarlo.

Otro superhombre

La prensa nacional no menciona al dueño de una empresa con 100 empleados y varios millones de facturación. A ese tampoco lo invitan a podcasts. Ni a programas de televisión.

De él hablan, si acaso, en el periódico local.

Al que sí verás en todos esos fregados es a un tipo con gafas de pasta azul eléctrico.

Igual lo conoces. Yo veo muy poco la televisión y cada vez que la pongo aparece.

¿Por qué es importante?

Porque nadie sabe a qué se dedica ni qué mérito tiene, pero está en primera línea. Este tipo me generó tanta curiosidad que entré en su web.

Fíjate en lo que dice de sí mismo:

Soy conferenciante, speaker, formador, divulgador, presentador, colaborador en televisión, consultor, inversor tecnológico y escritor.

Tan real como la historia de los piragüistas. El de las gafas eléctricas tiene 10 oficios.

Diez.

¿Sabes lo que tienen en común el tipo de las gafas y el piragüista de éxito?

Si ya lo intuyes, puedes avanzar.

Únete a la lista de espera

Un libro.

Un libro que no han escrito ellos.

Esto es la norma, no la excepción.

La gente inteligente no tiene tiempo de escribir sus libros. Por eso lo dejan en manos de escritores fantasma. De gente como yo.

No es trampa. Es eficiencia.

Piensa en los fundadores de las grandes tecnológicas. En los políticos. En los consultores que cobran 50.000 euros por charla.

Déjame que te cuente un secreto:

La mayoría no escribió ni la dedicatoria.

Y no pasa nada.

Porque los buenos fantasmas hacemos tres cosas:

  1. Escuchar.
  2. Escribir.
  3. Callar.

Construye tu relato

¿Cuántas veces has pensado en escribir tu libro?

Sé sincero.

Lo piensas cada vez que ves a ese tipo mediocre firmando ejemplares.

El problema no es la capacidad. Sé que sabes juntar letras. El problema es el foco.

Estás demasiado cerca de tu propia historia.

Escribir tu propio libro es como intentar operarte a ti mismo de apendicitis. Tienes el bisturí, pero no tienes el ángulo.

Además, haz números.

Para escribir un libro decente necesitas pasar 500 horas concentrado delante del ordenador; más otras 100 horas para entenderte con Amazon, con el ilustrador y con el maquetador.

Las cuentas son fáciles. ¿En cuánto valoras tu hora?

  • 50 euros = 30.000 euros.
  • 100 euros = 60.000 euros.
  • 150 euros = 90.000 euros.

Escribirlo tú mismo no es heroico. Es una negligencia financiera.

Hay una solución más rentable.

La mejor noticia posible

La barrera de entrada es tu mayor ventaja.

  • Como es difícil, casi nadie lo hace.
  • Como es caro, casi nadie lo paga.

Tendrás poca competencia y máximo impacto.

Y seguirá siendo tuyo. Tu libro. Tu voz.

Piénsalo así:

Imagina que tienes un terreno lleno de petróleo junto a tu casa.

¿Vas a ponerte tú a percutir el suelo? ¿Vas a mancharte las manos de chapapote? ¿Vas a cargar los barriles uno a uno?

No.

Si eres inteligente, contratarás a alguien para que extraiga el valor.

Ese terreno lleno de petróleo es tu historia.

Tu vida.

Necesitas que alguien baje al barro, refine el crudo y te entregue el barril listo para vender.

Sí, contratar a un escritor fantasma cuesta dinero. Mis honorarios empiezan en las cinco cifras.

Pero no es un gasto. Es el único activo de marketing que no caduca.

Un anuncio en LinkedIn muere en 24 horas.

Un libro vive durante 24 generaciones.

La peor noticia posible

Soy escritor fantasma, pero no puedo escribir tu libro ahora.

Mi agenda está cerrada. No acepto reservas.

La única puerta de entrada es esta lista.

Y hay un requisito: que leas.

  1. Te suscribes.
  2. Lees mis correos.
  3. Entiendes mi filosofía.

Si estás dentro, serás el primero en saber cuándo libero una plaza.

Entonces, si tu proyecto y mi enfoque se alinean, quizá podamos trabajar juntos.

Mientras esperas, te envío esto para que abras los ojos:

“Lo que el lector pensará de ti en la página 15 si escribes el libro tú mismo“

Pon tu email aquí:

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